Campillos. "El Internado". El colegio de San José (1973-1986)

Declive

El ambiente se enrarecía por días.
La marcha de Don José había dejado al colegio bien tocado.
Aquel "macutazo" que durante un tiempo circuló (y que surgió de no se sabe donde) de que RUMASA estaba interesada por el Colegio SAN JOSÉ se había desvanecido por completo.
En el colegio viejo, el de toda la vida, todo quedaba en manos de un director y de unos jefes de estudios superamortizados, cuando no cansados y desmotivados.
El colegio "de arriba", el nuevo, en manos de un director de poca valía como director, que no como profesor.
En el colegio "de abajo" se palpaba una falta de autoridad, una menor exigencia y un estado de ánimo en claro retroceso.
El alumnado había bajado considerablemente. Los sueldos también.
La nómina que antes triplicaba a la de cualquier otro colegio, ahora estaba igualada con cualquier otro. El futuro no era nada halagüeño. Los más avispados habían empezado a preparar oposiciones y los demás nos pusimos a ello. En menos de cuatro años, cerca de cuarenta profesores dejamos el colegio para ingresar en la Enseñanza Pública. Profesores de una gran valía y con una gran experiencia. Muchos de nosotros obtuvimos los primeros números en nuestros respectivos tribunales.
No hubo rescisiones de contratos a profesores ya que, año a año, iba aprobando un número de ellos que alejaban los problemas de personal sobrante en este grupo de trabajadores, es más, por el contrario, se produjeron algunas nuevas contrataciones gracias a las vacantes que se ocasionaron.

De aquel macroclaustro del colegio, cada vez iban quedando menos. Tan sólo quedaban los que no tenían la suficiente suerte o capacidad para aprobar las oposiciones, o aquellos cuya titulación no les permitía presentarse a ellas. Prácticamente todos lo intentaron y, dato curioso, hubo alguno que no lo consiguió hasta la undécima vez. ¡Eso es tesón!...
El que fue Director General en la época post-Macias, Don Manuel Jiménez Calisalvo, también decidió quitarse de en medio e ingresar en la pública junto con otros Jefes de Estudios que también lo hicieron así, todos ellos muy a pesar de ser miembros de la sociedad que un día creara Don José Macías: PROMASA. Aquello fue toda una premonición de lo que se avecinaba...
Se avecinaba el paso de ser un colegio de cerca de 1.700 alumnos a ser otro, muy distinto, de unos escasos 200. Una terrible y dramática diferencia.
Quizás sea el momento de recordar que el número de cursos de un mismo nivel era asombroso. Por ejemplo, recuerdo que los 8º de EGB llegaban a la letra "J" es decir, diez cursos de octavo, y que el 4º de Bachillerato llegaba a la letra "K". De este nivel se pasó a tener una sola línea, es decir, a uno sólo: el "A" y, como máximo, en algunos, el "B".

En este ambiente de desánimo general que se detectaba, todos aportamos nuestro granito de arena en negativo.
El profesorado, estaba mucho más ocupado en prepararse un nuevo futuro que en su labor diaria. Su nómina había bajado considerablemente y ya no era aquel profesorado animoso y dispuesto de otros tiempos. Aquella ilusión y dedicación al y para el colegio fue cayendo cuando no desapareciendo.
Es lógico que estuviesen preocupados. La matricula iba siendo menor a cada curso. Las conversaciones y comentarios eran siempre negativos, cuando no deprimentes, y del Equipo Directivo del centro no llegaba ni un solo aire de optimismo ante la situación que se estaba viviendo. Bien es cierto que, quienes constituían los equipos directivos, tanto del colegio viejo, como del nuevo, tampoco eran los más idóneos para transmitir optimismo alguno. Yo pedía su dimisión en todas las reuniones de claustro.

Mucho antes de todos estos acontecimientos, en los últimos años de Don José Macias, ya se cambió en el trato que se dispensaba a los alumnos. Por lo pronto, se dejó de prestar la atención que, hasta entonces, se había dispensado a los alumnos externos, es decir, a aquellos que residían en el pueblo y que siempre fueron atendidos de igual forma que a los internos. Recuerdo que en dos ocasiones hablé con Don José para denunciar el cambio en el trato a aquellos alumnos, pero ni caso. Sólo obtuve una respuesta: esos alumnos no interesaban tanto como los internos y no se podía gastar en ellos... No había sido esa la filosofía aplicada hasta entonces... Hasta entonces, los alumnos externos y los internos siempre recibieron el mismo trato y atención, tanto es así que había, incluso, cursos mixtos de alumnos de las dos procedencias, como ya he referido anteriormente.

Se consideraba poco menos que un premio para los alumnos externos residentes en Campillos, y para sus familias, el que se les permitiera matricularse en el colegio SAN JOSÉ.
Toda "la crème" estudiantil de Campillos pasó por el internado. Sus padres valoraban muy mucho el colegio y hablaban excelencias del mismo.
Cuando vinieron los malos tiempos cambiaron las tornas, y las críticas hacia el colegio llovieron por todas partes y de todas partes. El colegio, que hasta entonces había sido paradigma de calidad y perfecta organización, fue olvidándose y en su lugar se prefirió el colegio público MANZANO JIMENEZ. Y en parte es lógico.
Aquellos inspectores (vigilantes) cuyo contrato había sido rescindido, no hablaban lindezas del colegio. Los profesores de la pública, que, hasta entonces, y de alguna manera habían respaldado con su trabajo en el San José, y con su presencia, su política educativa y organización ejemplar, al dejar el colegio, si no hablaron mal de el, dejaron de hablar bien... (Debemos recordar que del claustro del colegio público Manzano Jiménez, trabajaban en el San José más de media docena de maestros, con su director al frente, Don Juan Cantano, número más que aceptable para, en su momento, reforzar el prestigio del SAN JOSE sobre todo a nivel pueblo ya que, sin lugar a dudas, se trataba de un grupito de muy buenos profesionales).
Nota a destacar es que, incluso algunos de los hijos de algunos de estos maestros de la pública, estudiaron en el internado en vez de en el colegio público, prueba de ese respaldo al que aludía antes.

Durante el período de las vacas flacas, recuerdo que, incluso, se tuvieron que hacer campañas, "puerta-puerta" para intentar de conseguir algunos alumnos más con los que llenar los cursos del colegio para que no se perdieran algunas unidades subvencionadas, lo que supondría el cese de algún profesor más. Mis dos hijos se matricularon en el SAN JOSÉ y, de alguna forma, conocieron esa disciplina durante algún tiempo.
Todos los profesores, principalmente los maestros destinados en las unidades subvencionadas vivieron una época dura de preocupación, ya que sus puestos de trabajo estaban en el aire. Así, con el paso de los años, el colegio tuvo que acogerse a un plan de centros en crisis lo que supuso que, algunos de los maestros del San José tuvieran que ser adscritos a otros centros de localidades cercanas como Antequera.
En esa marejada de incipiente caos se detectaba un cierto abandono en todos los campos. Las formas y los comportamientos se deterioraron. Los alumnos, como ya he relatado, llegaron a manifestarse para protestar.
Salieron escritos en prensa e intervenciones en televisión protagonizadas y motivadas por actuaciones de algún profesor que quiso obtener ventaja ante su despido y que no hicieron más que desprestigiar al colegio y costarle al referido profesor un buen disgusto que no llegó a más, gracias a la comprensión del Director General del Colegio que supo "saber estar" en esa ocasión...

Todo este cúmulo de circunstancias fueron minando ante un posible público-clientes, lo más importante que tenía el colegio: su disciplina y su calidad en la formación.
Siempre he partido de la base de que todo cuanto ocurre en un colegio, inexorablemente llega a los padres de los alumnos, y todos esos fallos, desanimo, caída de la disciplina, distracción del profesorado por su preocupación ante su futuro próximo y, fundamentalmente, el trato al alumnado, fue llegando a los padres a través de ese "boca a boca" tan importante cuando se trata de elevar o derrumbar a alguien o a algo.
Los casos de falta de disciplina se hicieron más habituales y fueron mal atendidos, sin duda alguna forzados por esa falta de alumnado y en un deseo de conservar los que había. Esa política no pudo estar más equivocada.
La droga blanda, contra la que siempre se había luchado decididamente, hizo su presencia llegándose a constituir una pequeña organización a nivel alumnos a la que temía el resto del alumnado.
Casos en los que, anteriormente, no se habría dudado lo más mínimo en que conllevara la expulsión definitiva del alumno que cometiera esa acción punible se "dejaron pasar" y se hizo la vista gorda ante ellos. Hubieron casos inconcebibles de que no hubiesen llevado aparejada la inmediata expulsión del alumno, como aquel que tuvo relación con un alumno que se masturbó en clase, o aquellos otros que se sabía estaban relacionados con drogas. Ante casos como estos, que indefectiblemente llegaban a los padres de los alumnos, el colegio empezó a convertirse en ese "perro flaco al que todo se le vuelven pulgas"
La crisis fue tal que se llegó a prescindir de un personal no docente que era fundamental. El telefonista de conserjería, encargado de atender permanentemente las llamadas al colegio dejó de hacerlo, lo que sin duda alguna fue un inconveniente más a añadir.
Por si fuera poco, el portero también se suprimió. Ya no había nadie que vigilara las entradas y salidas al colegio.
Por último, se llegaron a producir casos asombrosos como el de algún alumno que tuviera que ir sólo, o acompañado de otro alumno, a recibir atención médica, o de alumnos mayores que vigilaban el estudio de los más pequeños.
He encontrado algunas de mis cartas a la dirección del centro en la que denuncio todas estas circunstancias, pero, en fin, no es cuestión de meter el dedo en ninguna llaga ya cicatrizada.
Daba la sensación de que la consigna era "olvidarse del colegio de abajo" y tan solo mantener lo que quedaba y como se pudiera.

Hubo padres que quisieron denunciar al centro por publicidad engañosa debido a que presentaban el colegio "nuevo", como si del "viejo" se tratase aludiendo a una serie de recursos, actividades e instalaciones que, en realidad, no existían.
Recuerdo que, a raíz de aprobar mis oposiciones, algunos padres vinieron a hablar conmigo para solicitarme que los apoyara en su acción, facilitándoles información respecto a cuestiones relacionadas con el colegio sobre las que yo tenía conocimiento. Se equivocaron. Siempre me negué a ello por el daño irreversible que podría causar a los trabajadores que aún dependían de esos puestos de trabajo.

Las asambleas de trabajadores del colegio se sucedieron una y otra vez. Ahora para tratar las rescisiones de contratos, ahora para estudiar el negro futuro que se avecinaba...
Fue curioso, ahora y sólo ahora, los profesores aceptaban unirse al resto de trabajadores del colegio, cocineros, limpiadoras, inspectores, etc. Hasta entonces, "las castas" en el colegio estuvieron bien diferenciadas y nunca se quiso saber nada de sindicatos ni de acciones conjuntas de todos los empleados del centro, ahora sí, ante la crisis, y viéndole las orejas al lobo, se buscaba la unión para tener más fuerza y también el asesoramiento de los sindicatos.

Recuerdo lo duramente criticado que fui por haber organizado, años antes, una sección sindical en el colegio. Ahora, más de uno de aquellos que entonces criticaban, venían pidiendo disculpas y buscando asesoramiento a sus problemas. Inconcebible fue el que, incluso, se llegara a celebrar una asamblea general de todos los trabajadores del centro, nada menos que en la "Casa del Pueblo" y con los líderes provinciales de la UGT. La gente estaba francamente preocupada...

Se descubrieron casos de empleados del centro, profesores y limpiadoras, que no habían sido dados de alta en la Seguridad Social durante cierto tiempo, o que estuvieron dados de alta en otro nivel distinto al que les correspondían. A algunos de ellos, esta circunstancia les supuso un varapalo a la hora de la jubilación. Por mi parte, la reducción de alumnos supuso que tuve que impartir no sólo idiomas, como hasta entonces lo había hecho, sino Educación Física, Sociales, Natural e, incluso, Plástica. Con lo de impartir Gimnasia tuve mis más y mis menos con la Dirección del centro que no nos proporcionaba ni tan siquiera unos balones para poder jugar, llegando los alumnos a tener que poner dinero de su bolsillo para poderlos comprar.
En otra carta que dirigimos al Director General del colegio, mi compañero Bernabé Torres y yo, en diciembre del año 1984, denunciábamos una serie de cuestiones que había que corregir para "relanzar este colegio que, de seguir así, indiscutiblemente se hundirá, como se está viendo día a día". ¡Menuda premonición!

Siempre fui muy crítico con cuanto se veía que se estaba haciendo mal y, en todos los claustro exponía mis quejas que, como siempre, eran apoyadas por todos "por lo bajini" pero nunca en los foros que era necesario y con la unanimidad y rotundidad necesarias. Pedí en varias ocasiones la dimisión del director de nuestro colegio, el viejo, el antiguo, y concerté más de una entrevista con el director general del colegio para tratar cuestiones delicadas y buscarles solución.
Recuerdo que la última ocasión ocurrió en uno de los últimos años y en Navidades. Todo el claustro se marchó de vacaciones y yo me quedé en Campillos para tratar con el director general lo que había que modificar urgentemente en el centro... Aquella reunión no sirvió de nada.

Alguien se puede preguntar: ¿Y cual hubiese podido ser la solución a los problemas que se estaban produciendo?
Buena pregunta.
Lo primero, tener la capacidad de mandar y el liderazgo para mandar. Se siguió pensando que los idóneos para dirigir el colegio eran los profesores pertenecientes a la sociedad PROMASA y ahí se volvieron a equivocar. Esa capacidad de mando no le faltó nunca a Don José Macías.
Lo segundo, cortar con la sangría que estaba suponiendo los casos de falta de disciplina que se estaban produciendo. Hubiesen sido necesarias unas cuantas expulsiones definitivas de alumnos, que hubiesen sido ejemplares y ejemplarizantes para el resto del alumnado.
Lo tercero, comprender que los alumnos eran nuestros "clientes" y que a los clientes hay que atenderlos y respetarlos al máximo. El trato que se dispensaba a los alumnos, sobre todo fuera de clase, no era el más correcto y adecuado. No estábamos en los años sesenta, estábamos en los ochenta...
Y cuarto, mejorar un poco las instalaciones que, en algunos aspectos, se veían a todas luces francamente abandonadas, algunas de ellas ruinosas.
Por último, lo más importante, claridad en la situación económica del centro para que todos los trabajadores la conocieran y se comprendiera la situación por la que se atravesaba. Estoy completamente seguro de que la gran mayoría de los trabajadores que allí había, hubiesen aceptado cualquier salida laboral y económica que hubiese podido paliar la situación y, sobre todo, asegurar el futuro.

Como no se hizo, el futuro estuvo en aprobar oposiciones en la Enseñanza Pública y en dejar el colegio lo antes posible.
Como ya dije: en cuatro años, nos marchamos del colegio los siguientes profesores: (muy posible que no recuerde a algunos más)

DE PRIMARIA
PROFESORES ASIGNATURA
Antonio Gallardo Sociales
Blas Becerra Matemáticas
Federico Anglada Matemáticas
Fernando Anaya Sociales
Francisco Ceballos Francés/Inglés
Diego Guerrero Matemáticas
José Antonio Delgado Sociales
Salvador Carrasco Matemáticas
José Clavijo Educación Física

DE SECUNDARIA
PROFESORES ASIGNATURA
Alfonso Barrutell Matemáticas
Antonio Rodríguez Francés
Cesar Rodríguez Docampo Filosofía
Francisco Garrido Físic./Quím./Mat.
Francisco Rodríguez Inglés
Antonio Freire Historia
Jesús García Inglés
Jesús Montero Psicólogo
José Atº Alba Lengua
Jose Bermudez Lengua
José Mª García Llamas Matemáticas
José Nevado Física-Química
José Pascual Lengua
Juan Fuentes Inglés
Juan Guerrero Matemáticas
Manuel J. Calisalvo Matemáticas
Emilio Barrutell Lengua
Francisco Caballero Matemáticas
Pierre Vallantin Francés/Inglés
Jesús Porras Lengua
Rafael Hartacho Matemáticas
Bernabé Torres Física-Química

Esta lista arroja un total de treinta y dos profesores que dejaron el centro en un tiempo record (faltan algunos más).
Cualquiera puede comprender que cuando ocurre un hecho de esta categoría en un colegio es porque la situación del profesorado es muy preocupante y la confianza en el futuro está bajo mínimos. No olvidemos que, a estos, habrá que sumar los maestros del colegio público, que también dejaron de trabajar en el SAN JOSÉ. Lo dicho: cerca de cuarenta.
También es muy de tener en cuenta la coincidencia de que, algunos de los profesores que abandonaron el barco pertenecían a la sociedad PROMASA y que, además, ostentaban cargos en el equipo directivo. Por ejemplo, Manuel Jiménez Calisalvo era el Director General y Federico Anglada y José Clavijo eran Jefes de estudios.
Por último, llamaría la atención del lector sobre las materias en las que estos profesores eran especialistas, todas ellas fundamentales para un centro de enseñanza.

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